Psicología fisiológica .
- psiconvero
- 30 nov 2025
- 2 Min. de lectura
Actualizado: hace 1 hora
Tiroides y salud mental.
Muchas veces nuestro cuerpo nos habla más de lo que logramos escuchar; sentimos cambios de ánimo, cansancio constante, tristeza profunda o una ansiedad difícil de explicar y la mayoría de las veces lo terminamos interpretando únicamente desde lo emocional. Sin embargo, comprender que aquello que sentimos también puede tener una base biológica nos permite mirar el malestar con mayor calma y menos juicio, además de entender que nuestras emociones no surgen de la nada, pues el cuerpo también participa en lo que sentimos.
Hoy te quiero hablar de la glándula tiroides, la cual es un claro ejemplo de esta relación, se trata de una pequeña glándula ubicada en el cuello que cumple una función esencial en el organismo: regular el metabolismo a través de la producción de hormonas. Estas hormonas influyen directamente en la energía, el ritmo del cuerpo y el funcionamiento del sistema nervioso, de esta manera, cuando la tiroides no funciona adecuadamente (ya sea produciendo más o menos hormonas de lo necesario) el equilibrio general del organismo se ve afectado, incluyendo la esfera emocional y mental.
Karner y Smoje (2003) nos hablan de como las alteraciones tiroideas están estrechamente relacionadas con síntomas de depresión, ansiedad y cambios cognitivos. En el hipotiroidismo, por ejemplo, son frecuentes la tristeza persistente, la apatía, la lentitud mental y la dificultad para concentrarse. En el caso del hipertiroidismo, por otro lado, pueden aparecer irritabilidad, nerviosismos y una sensación constante de inquietud; estos síntomas no deben entenderse solo como reacciones emocionales ante una enfermedad física, sino como consecuencias directas de los cambios hormonales que influyen en el sistema nervioso central.
Por ello, en la búsqueda de procesos de acompañamiento en salud mental, resulta fundamental contar con una mirada integradora, pues la salud mental no se reduce únicamente al tratamiento terapéutico, sino que implica una serie de cuidados que abarcan múltiples dimensiones de la persona, reconociendo la importancia de lo biológico y promoviendo el trabajo interdisciplinario entre profesionales de la salud mental, la medicina y otras áreas, lo cual permite una comprensión más completa del malestar y favorece intervenciones más efectivas (Karner & Smoje, 2003).
En definitiva, una vez más el cuerpo nos recuerda que no debemos separar nuestras dimensiones. Lo físico, lo emocional y lo mental forman una unidad que necesita ser abordada en conjunto, así que escuchar al cuerpo, comprender sus señales y atenderlas desde una mirada integral no solo mejora los procesos de cuidado, sino que nos invita a relacionarnos con nosotros mismos de una forma más respetuosa y consciente.
Referencias.
Karner, I., & Smoje, J. (2003). Depresión en pacientes con alteraciones del tiroides. The European Journal of Psychiatry (Edición en español), 17(3), 123–134.



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