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Psicología fisiológica.

30 nov 2025
3 min de lectura

Actualizado: 29 sept

 ¿Por qué seguimos repitiendo lo que ya no nos hace bien?


Hay decisiones que tomamos muchas veces sin entender del todo por qué; como cuando sabemos que una relación no nos hace bien y volvemos a ella, nos prometemos que esta vez responderemos distinto, pondremos un límite, diremos que no o dejaremos de buscar aprobación y sin embargo volvemos a hacer lo mismo.


Cuando esto sucede, solemos explicarlo de una manera bastante sencilla: «me falta voluntad». Pero la realidad es que desde la psicología esto es un poco mas complejo.


De hecho durante mucho tiempo se ha explicado la dopamina como si fuera, sencillamente, la sustancia química del placer, pero una de las funciones estudiadas de la dopamina está relacionada con el aprendizaje a partir de las diferencias entre lo que esperamos y lo que efectivamente sucede. Así que cuando algo resulta diferente el cerebro no solamente registra si algo fue agradable o desagradable, también aprende qué esperar la próxima vez.


Por esto, después de repetir suficientemente una experiencia, ya no necesitamos pensar demasiado en ella para prepararnos y una persona puede generarnos ansiedad antes de que diga una palabra o una discusión puede llevarnos casi directamente a defendernos y no porque hayamos decidido conscientemente hacerlo, sino porque hemos aprendido ya a seguir una secuencia.


Pero aquí empieza a aparecer una revisión que la psicología y la biología pueden dar, pero que el psicoanálisis lleva mucho más lejos:


Pues, sucede que eso que sentimos como conocido puede sentirse como deseo, pero no necesariamente lo es, pues una conducta puede producir malestar y, al mismo tiempo, cumplir una función psíquica; de hecho, una de las grandes preguntas de Freud fue precisamente qué ocurre cuando una persona repite experiencias que no parecen proporcionarle placer.


Y es que a diferencia de lo que creemos, nuestro funcionamiento psíquico no está orientado simplemente a buscar placer y evitar displacer, así que la respuesta no consiste en decir que la persona «quiere sufrir». Pues, la repetición es mucho mas compleja y puede estar vinculada con algo que todavía no ha podido ser elaborado, con una forma conocida de satisfacción, con conflictos que permanecen activos o con modos de relación que se construyeron mucho antes de que pudiéramos elegirlos conscientemente.


Por eso, en psicoanálisis, comprender un patrón no significa simplemente identificarlo, significa preguntarse qué lugar ocupa ese patrón en la vida psíquica de quien lo repite.

Pues veces no elegimos entre lo bueno y lo malo, mas bien elegimos entre lo conocido y lo desconocido.


Por eso una persona puede decir: «Sé que esta relación no es lo que quiero». Y estar diciéndolo sinceramente, pero también puede existir otra parte de su experiencia que reconoce en esa relación algo familiar, y de allí que no siempre consiste en descubrir qué nos conviene, pues a veces sabemos perfectamente qué nos conviene, lo difícil es que lo conveniente no siempre es lo que nuestro mundo interno reconoce como familiar.


Entonces, ¿somos realmente libres de elegir?


Sí, pero nuestra libertad no comienza cuando conseguimos dejar de estar condicionados, comienza cuando podemos empezar a reconocer desde dónde estamos eligiendo y empezamos a cambiar la pregunta «¿Por qué sigo haciendo esto?» por «¿Qué encuentro aquí que todavía no he podido dejar?»

 

Referencias:


Sjoerds, Z., & Fernández, G. (2025). Leveraging cognitive neuroscience for making and breaking real-world habits. Trends in Cognitive Sciences, 29(5), 465–478. https://doi.org/10.1016/j.tics.2024.10.006


Gershman, S. J., Assad, J. A., Datta, S. R., Linderman, S. W., Sabatini, B. L., Uchida, N., & Wilbrecht, L. (2024). Explaining dopamine through prediction errors and beyond. Nature Neuroscience, 27, 1645–1655. https://doi.org/10.1038/s41593-024-01705-4


 



 
 
 

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