Reconocer tu dimensión interna.
- psiconvero
- 30 nov 2025
- 2 Min. de lectura
Actualizado: hace 1 hora
Aprendiendo a tratarnos con humanidad.
Muchas veces somos más comprensivos con los errores de los demás que con los propios, a un amigo le damos espacio, lo escuchamos y tratamos de entenderlo; pero con nosotros mismos solemos ser mucho más duros. Nos hablamos con exigencia, nos juzgamos rápido y nos cuesta perdonarnos. Reconocer límites o aceptar que somos frágiles no siempre es fácil, sobre todo en una cultura que nos empuja a rendir, a ser fuertes todo el tiempo y a no fallar; es así como la autocompasión se malinterpreta como debilidad.
Hoy te quiero hablar de la autocompasión, la cual no implica excusarse ni evitar hacerse cargo de los propios actos, por el contrario, supone reconocer el dolor, el error o la dificultad sin añadir sufrimiento innecesario. Araya y Moncada (2016) nos muestran la autocompasión como una actitud saludable hacia uno mismo que combina amabilidad personal, reconocimiento de la humanidad compartida y una atención consciente al malestar, por lo que, desde esta perspectiva, ser autocompasivos no significa dejar de crecer, sino permitirnos aprender sin castigarnos.
Equivocarnos, sentirnos insuficiente o atravesar momentos de vulnerabilidad forma parte de la experiencia humana, y por ello la autocompasión nos aleja del aislamiento emocional y nos recuerda que no estamos solos en lo que sentimos. De hecho, esta actitud de autocompasión se asocia con menores niveles de ansiedad, depresión y autocrítica, y con un mayor bienestar emocional, ya que reduce la rumiación negativa y favorece una relación más amable con uno mismo (Araya & Moncada, 2016).
Desde la psicología, existen diversos factores que favorecen el desarrollo de la autocompasión, entre ellos se encuentran la capacidad de reconocer y regular las emociones, la práctica de la atención plena (mindfulness), el fortalecimiento de la autoestima no condicionada al rendimiento y la posibilidad de construir espacios terapéuticos seguros donde la persona pueda mostrarse vulnerable sin juicio. Estos elementos permiten que la autocompasión se convierta en una habilidad aprendida y no solo en una intención.
Practicar la autocompasión es, en esencia, una forma de autocuidado profundo es darnos permiso para ser humanos, para fallar y para repararnos sin violencia interna. Tal vez una de las maneras más genuinas de demostrarnos amor no sea exigirnos más, sino aprender a acompañarnos mejor, incluso y sobre todo cuando no somos la versión que esperábamos de nosotros mismos.
Referencias.
Araya, C., & Moncada, L. (2016). Auto-compasión: origen, concepto y evidencias preliminares. Revista Argentina de Clínica Psicológica, XXV(1), 67-78. Recuperado el 3 de febrero de 2026 de https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=281946989008



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